Por dónde empezar

Ago 5, 2019 Dieta

Por dónde empezar

Vivimos nutricionalmente desinformados. Esta desinformación viene dada por diferentes frentes, pero en mi opinión hay dos grandes factores de desinformación que tienen un denominador común: generar beneficio económico.

Por un lado tenemos el gran mercado de los suplementos alimentarios. El mercado de estos productos es tan amplio que es imposible informarse de todo el espectro de productos, y muchos caemos en hacer caso de la publicidad. No quiero tratar a la publicidad y al marketing como una gran armar del mal hecha por demonios con traje, ya que creo firmemente que la publicidad y el marketing es una herramienta de crecimiento empresarial poderosa, pero como siempre, si se usa con responsabilidad. 

Preguntas incómodas

La desinformación en el sector de los suplementos ha hecho que los de siempre se aprovechen de las vulnerabilidades de los otros de siempre, y gastemos nuestro dinero en balde. Mi consejo, vamos a olvidarnos de los suplementos al menos en los primeros pasos hacia una vida más saludable. 

Por el otro lado tenemos a la industria alimentaria. Como química de profesión abogo en defensa de las buenas practicas de producción y regulación de esta industria, que hasta ahora ha asegurado que las personas tengamos acceso a alimentos libres de agentes que puedan causar enfermedades que en otras épocas fueron devastadoras para la humanidad. Es indiscutible negar que los avances tecnológicos y científicos se han traducido en un aumento del bienestar social en muchos ámbitos, y por supuesto también en el de la salud. 

Aunque todo tiene su parte negativa, y en este caso se trata de la opacidad de la información en los productos innovadores que nos ha ofrecido la industria en los últimos años. Lamentablemente se ha utilizado la publicidad y la desinformación para vender productos que estaban destinados a generar el mayor beneficio económico sin pensar quizás en si era o no lo más beneficioso para la salud. 

Un ejemplo es el uso de grasas trans (o grasas saturadas) en los alimentos. Dicho tipo de grasa, debido a su configuración química, es sólida a temperatura ambiente y puede ayudar en términos de textura, sabor, almacenaje y transporte. 

Bien, sabemos el problema. ¿Cuál es la solución?

Información

Como siempre, la solución es simple pero no rápida. Se trata de informarnos para combatir la desinformación. Si esta desinformación ha sido generada deliberadamente o no lo dejo a la opinión de cada uno. ¡Para ello tenemos este blog!

Si pero, ¿y qué hago?

Los cambios no los podemos hacer de un momento a otro. Ahora os voy a presentar una de las claves para que salgamos victoriosos en el cambio de hábitos que vamos a emprender. Señoras y señores, os presento a la ADHERENCIA.

Os voy a explicar una historia que quizá os suene. Estamos en una mañana de un 1 de enero cualquiera, con un poco de resaca y una lista de propósitos en el bolsillo. Lavar el coche, ver más a mi madre, apuntarme al gimnasiohacer dieta…

Y hay algunos que empiezan fuerte, y se apuntan al gimnasio. Y hay algunos valientes que hasta van. De repente notas lo bien que te sienta hacer deporte, y decides ir 5 días a la semana, y porqué no, 2h cada día, que cuanto más mejor, ¿no?

Y así aguantas una semana, o con suerte dos. Y un día tienes agujetas, y al otro te da pereza, y te apetece comerte un croissant de chocolate porque después de tanto esfuerzo te lo has ganado. Y de repente estamos a mayo, y no sabes bien como pero ya no vas al gimnasio y tienes los mismo hábitos que tenias el año anterior. 

La clave para que no nos pase esto es la adherencia. Tenemos que hacer cambios que sepamos que vamos a cumplir. No hay que ser radical. 

Si cada día meriendas un croissant, no dejes de comerlos de golpe. La ansiedad que te producirá eso puede ser mucho más grande y más difícil de controlar que si sabes que de los 7 croissants que te comías, ahora puedes comer dos y el resto de días una pieza de fruta. ¡Habrás reducido un 70% el consumo de croissants!

Tenemos que ponernos objetivos que sean fácilmente conseguibles. Muchas pequeñas victorias se convierten en una gran victoria. 

Si pero, ¿cómo lo hago?

De todo lo que voy a poner a continuación, escoge que es lo que puedes introducir en tu vida. No hay nada que no sepas. Prioriza entre estas opciones e introduce pequeños cambios. Si te cuesta decidir, utiliza papel y boli y escúchate a ti mismo. Tú mejor que nadie sabes lo que necesitas.

  • Sustituye cereales refinados por integrales.
  • Aumenta el consumo de verduras y hortalizas. Si no estás habituado a comer verduras, encuentra las que te gusten. Haz pruebas. Tu objetivo podría ser que el 50% de tu plato en cada comida sea verdura.
  • Come más fruta
  • Compra carne y pescado fresco
  • No compres productos ultraprocesados (bollería, patatas fritas, etc…)
  • No compres comida preparada
  • Llévate tuppers al trabajo con comida saludable
  • Aprende diferentes maneras de cocinar los alimentos
  • Modera la ingesta de dulces 
  • Elije un deporte que te guste
  • Sal a caminar y actívate. Si puedes, sustituye el ascensor por escaleras, el autobús y el metro por la bicicleta, y usa tus piernas para trayectos cortos. 
  • Camina 10.000 pasos al día (aproximadamente 1h caminando) 
  • Cambia las bebidas azucaradas y la que contengan alcohol por agua
  • Duerme bien, con calidad y en cantidad

Como ya he dicho, no hace falta que seamos radicales. Pequeños cambios construyen hábitos. ¡Si uno quiere, puede hacerlo!

Detrás de cada uno de estos hábitos hay unas razones científicamente avaladas que certifican que este es el buen camino. Si te quedas por aquí, ¡descubrirás el porqué de muchas de ellas!

¿Me acompañas?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *