Mi historia

Empecemos por el instituto. 

Había una cosa por la que si que destacaba en el instituto, más bien creo que me hicieron destacar por ello. Era una niña adolescente con sobrepeso, y bastante. Media (casi) 1,65m y pesaba la friolera de 92kg. Ya se sabe que en esa edad “los niños pueden ser muy crueles” y quizás el destino quiso que me tocara a mi ser el blanco. Insultos y burlas en torno al deporte y la comida eran cada día. Tuve suerte, porque tal y como recuerdo con viveza la cara de los “valientes” que se metían conmigo, recuerdo también la de la gente que me ayudó. No estaba sola y eso me salvó, aunque dejó una huella imborrable en mi. 

“Media 1,65m y pesaba la friolera de 92kg. Insultos y burlas en torno al deporte y a la comida eran cada día.”

Cómo no, ahí estaba mi madre para apoyarme. Me llevó a un centro de estética donde me pusieron a dieta y me hicieron no se cuantos tipos diferentes de tratamientos. Así perdí 10kg. 

En cuanto pude, me fui de aquel instituto, no se me había perdido nada ahí. No conservo ningún contacto con nadie. Al siguiente que fui encontré un grupo de amigos fantásticos, que me hicieron sentir como nunca! Y la historia siguió feliz ¿no?

Ahora tenía amigos, estudiaba mucho, salía por ahí. Hacía cosas de adolescentes. Pero la experiencia en mi primer instituto hizo de mi una persona reactiva, siempre a la defensiva. La mejor defensa es un buen ataque, pensaba. Tuve suerte que los amigos que tenía (y aun conservo) vieron quién era yo en realidad. 

Escondí mis miedos y mis traumas debajo de una coraza de agresividad. Y pasaron los años. Guardé mi problema con mi físico en lo más hondo de mi ser que fui capaz, no quería mirar, me aterrorizaba mirar. 

“Escondí mis miedos y mis traumas debajo de una coraza de agresividad. Y pasaron los años. Guardé mi problema con mi físico en lo más hondo de mi ser que fui capaz, no quería mirar, me aterrorizaba mirar. “

Y los días pasaban, y los años también. Y llegué a la universidad. Cada vez los retos eran más grandes. Tuve que trabajar para poder pagar la universidad y eso me hizo pasar por algunos trabajos agradables y otros bastante desagradables. La universidad para mi fue agridulce, porque recuerdo lo bueno con ternura, pero también pesa mucho todo el esfuerzo que me llevó a poder salir adelante.

Pero acabé la carrera de Química con buenas notas y conseguí trabajo en la industria química. Ahora trabajo para una multinacional bastante importante y las cosas me van bien.

Ahora que me conocéis, ¿Creéis que soy una persona con poca fuerza de voluntad?¿Que no lucho por lo que quiero? ¿Que no tengo capacidades suficientes para anteponerme a los problemas? ¿Qué no soy perseverante?

Fuerza de voluntad, ganas de luchar, resiliencia, perseverancia…

¡Claro que lo soy! Siempre lo he sido…menos cuando se trata de comida. “Curar” la ansiedad comiendo, darme atracones y sentirme mal por ello, hacer mil dietas (sí, también he hecho la dieta de la piña) y no conseguir nunca nada. 

Llegó un punto en el que pensé que yo era una persona a parte. Que nunca lo conseguiría. No quería ni oír hablar del tema porque me daba terror volver a enfrentarme a ello y volver a fracasar, no podía más, otra vez no. Estaba inmersa en la indefensión de la desinformación nutricional en el que lamentablemente aún hay muchas personas hoy en día. 

“Estaba inmersa en la indefensión de la desinformación nutricional en el que lamentablemente aún hay muchas personas hoy en día. “

Y un día decidí que quería hacer un triatlón. Obviamente nadie me tomó en serio. Me llevé risas de mis amigos, y miradas por encima del hombre de los que no eran tan amigos (¿tú?¿un triatlón?). Pero a mi me gustan los objetivos grandes. Y empecé a entrenar. 

Odiaba correr con todas mis fuerzas, nadar estaba bien y la bici me encantaba, ¡pero tenía que entrenar las tres cosas!. De hecho aprender a entrenar para un triatlón me dio una valiosa lección de vida: entrena más duro lo que menos te guste, porque es lo que más necesitas. 

Empecé a mejorar mi forma física, cada vez corría un poco más rápido, subía cuestas un poco mejor y me cansaba un poco menos al nadar. Y así, con un montón de carencias y muchas ganas me presenté aquel día al triathlon de Barcelona. Y lo acabé. 

Triatlón Barcelona 2018

Y así encontré la motivación que me obligó a para enfrentarme a la nutrición. Aquello de lo que había estado escapando llamaba a mi puerta una vez más. Y una vez más me desesperé. Pero con apoyo y haciendo acopio de toda mi fuerza mental empecé a leer sobre el tema. Cambié de planteamiento y empecé a investigar el cómo y el porqué de las cosas, y me leí un libro, y otro, y otro…

“Y así encontré la motivación que me obligó a para enfrentarme a la nutrición. Aquello de lo que había estado escapando llamaba a mi puerta una vez más. Y una vez más me desesperé.”

Y ahora es cuando viene el momento de: “y así fue como perdí 30kg y ahora soy una chica fitness fantástica y tú también puedes conseguirlo con este plan de 8 pasos…”

Pues no, esta historia no acaba felices y comiendo perdices. Sigo en el camino, porque es un camino largo, lento y difícil. Como ya habéis visto, no se trata de kilos, se trata de sentimientos, emociones, malos recuerdos y mucha frustración. 

Y ahora es cuando viene el momento de: “y así fue como perdí 30kg y ahora soy una chica fitness fantástica y tú también puedes conseguirlo con este plan de 8 pasos…”

Estoy aquí escribiendo esto porque quiero ayudar a personas que se encuentran en mi misma situación. Entiendo como te sientes y entiendo lo cruel que es la sociedad contigo (sin querer). Entiendo tu impotencia y tus ganas de mejorar. 

Estoy aquí para construir un camino entre todos y todas las que quieran esforzarse en mejorar. Estoy aquí para que nos olvidemos de nutricionistas y dietas.

Quiero poner a vuestra disposición todo lo que he aprendido (y lo que me queda por aprender) sobre nutrición y deporte, que junto a mi formación técnica en ciencias químicas, me ha dado una buena base en la que construir un nuevo estilo de vida. 

¿Me acompañas? ¡Busca tus motivos! 

Empecemos a luchar.